Sabado 27 de Enero, Underground, Cartagena
Flotando. Así comenzó el concierto de Atom Rhumba en Cartagena merced a esa especie de blues stoniano con un pequeño deje psicodélico que es “The vanishing days” que cierra su excelente último álbum Amateur universes . Y desde esta nana alucinada que preparó a los asistentes a una noche especial en compañía de estos músicos bilbaínos se pasó ya a disfrutar los ritmos más movidos y también movedizos que destilaron en “New kind of virus”, “Gimme Chaos”, “Home made prozac” y “Eskimo bones” hasta finalizar con las viscerales “lookin for ma'baby” y su ya clásica “Funky town” que terminó con ese auténtico hombre espectáculo que es su nuevo teclista tocando las marimbas entre el público.
En todos los temas que tocaron, Atom Rhumba demostraron su saber hacer y probaron que, como pocos grupos en nuestro país, han sabido entender de una manera particularmente deliciosa las enseñanzas del mejor rock de las últimas décadas. Su particular forma de entender la música rock. -a caballo entre un soul peleón y un funk punzante siempre con un atisbo a la experimentación psicodélica a lo Spacemen 3- nos deleitó sin necesidad de apabullarnos gracias al talento a través del que han sabido exprimir sus influencias para conceder su particular y variada forma de leer la música rock.
Por ello, a veces parecía que estábamos contemplando en un perdido bar jamaicano a los Clash de la época de Sandinista, en otras ocasiones parecía que entrábamos en un bucle perverso de sonido en el que giraban todos juntos a la vez y sin necesidad de mezclarse Primal Scream, Flamin Groovies o P.I.L y, en momentos determinados, parecía que nos internábamos en una escalera sin retorno hacia un pasado en el que Doctor Feelgood y Howlin' Wolf se ensamblaban gracias a una fórmula mágica que parece pertenecerles únicamente a ellos.
Por todo esto, por su manera elegante de entender las variantes de la música rock, por huir de poses afectadas, por su talento a la hora de releer la historia de la música rock y su sinceridad a la hora de plasmarlo en un escenario, el concierto de Atom Rhumba fue una maravilla. Todo un homenaje agrio a la vertiente más cool del rock que no tuvo necesidad de mezclarse con elemento electrónico alguno ni de ejercer la siempre discutida pose del revisionismo para sonar totalmente actual, para demostrar lo que sólo unos pocos se atrevían a sostener a mitad de la anterior década cuando la música dance planeaba con totalizar el mercado musical: el rock, el rock genuino y frontal si se sabe interpretar y focalizar tal y como la hicieron esta noche Atom Rhumba no sólo no morirá nunca sino que, además, aún tiene tanto terreno por explorar e investigar que pudiéramos decir que apenas está comenzando a dar sus primeros balbuceos.
Esos balbuceos que hicieron gemir de placer a todos los asistentes a este concierto soñando acaso perderse en una carretera perdida con la música de un grupo que favorecido, esta vez sí, por un sonido digno, nos hizo soñar con los tiempos en que de adolescentes queríamos protagonizar una película de David Lynch y ya, más maduros, encontrar una banda sonora ideal que transmitiese todo aquello que sentimos cuando leímos Ghost world.
Texto: Nathan Adler Fotos: Anywhere



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