J. I. LAPIDO


9 DE FEBRERO, UNDERGROUND, CARTAGENA

Poco tiene que demostrar a estas alturas y tras más de veinte años en la carretera José Ignacio Lapido y, sin embargo, sus conciertos siguen siendo ejercicios de rock frontal, sincero y autónomo que reflejan bien la compacta personalidad del que fuera miembro esencial de 091.

Por ello, observar a Lapido encima de un escenario además de un ejercicio de sana nostalgia a través de los que sus seguidores pueden rememorar épocas doradas del pop y el rock español que, tal vez, no vivieron, son todo un manifiesto sin complejos y sin rubor de confianza en el rock, en su capacidad de seguir trasmitiendo emociones, que no pueden pasar de moda en la medida en que su manifiestos sean tan directos y frontales como los mostrados por Lapido la pasada noche en Cartagena.

Lapido se gusta bastante a sí mismo encima de un escenario y sabe de la importancia de la coherencia que deben tener los textos en relación con la actitud del que los interpreta y por todo esto, su concierto deja un indudable regusto dulce en el paladar gracias a varios motivos: una actitud encomiable y volcada siempre –más allá de todo ego- en lo estrictamente musical, una preocupación poco habitual en los músicos hispanos por conceder relieve a las letras y una interpretación ortodoxa de sus canciones en las que prima su deseo de conectar con la audiencia de la manera más frontal posible que huye de todos los fuegos de artificio tan habituales en la música rock.

En fin, Lapido estuvo serio y riguroso durante todo el concierto pero se le veía íntimamente disfrutar al tiempo que sus seguidores gozábamos con él gracias a un muy, muy digno repertorio en el que hizo un repaso por gran parte de los temas más destacados de su carrera en solitario y donde, por supuesto, hubo un tiempo para el recuerdo de determinados temas míticos de 091 como “Zapatos de piel de caimán” o la deliciosa inolvidable “Qué fue del siglo XX” con la que finalizó en lo más alto un concierto notable y sin altibajos.

Beneficiado por el buen hacer y rigurosidad de la banda que le acompañaba que presentaba la novedad de la inclusión de un nuevo bajista bastante cool, los referentes de Lapido –entrega, ética y estética de cantautor rock y ausencia de excesivas pretensiones y ambiciones- estuvieron en buena sintonía durante toda la noche y no entraron en colisión, contradicción ni conflicto en ningún momento.
Ya lo decía Lapido en una de sus más míticas canciones, “pensarás, pensarás que aunque parezca un perdedor, soy un hombre con suerte” y un tipo como él, tan tranquilo y sencillo y que es capaz de seguir componiendo más que dignas canciones como “Escrito en la ley”, “La antesala del dolor” o “Ladridos del perro mágico” e interpretarlas con tanta soltura como lo hizo en Cartagena merece desde luego ser considerado así: un hombre afortunado por poder seguir componiendo a su ritmo y sin acelerones de ningún tipo discos o canciones que en la interpretación que de ellas realizó en Cartagena sonaron convincentes, irrefutables y dignas de la leyenda de este hombre que con el tiempo se ha consolidado como un músico fronterizo, resistente a todas las modas e influjos que recuerda de una manera u otra a aquel mítico Springteen de los tiempos de Born to run que declaraba a todo aquel que quisiera escucharle que el rock siempre sería una pasión invendible.

Texto y fotos: Nathan Adler


anywhere ( 09/02/2007)

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