10 JULIO, LA RIVIERA, MADRID
La noche del pasado Jueves soñé con Kate Pierson, y con un mundo distinto, en el que las emociones negativas fueran a parar a una caja sobre la que se habían echado los 7 indestructibles cerrojos que proporcionan los dioses del baile.
Esos dioses debieron de iluminar la composición de Party out of bounds, uno de los temas más desenfrenados de los B-52´S. Sonó hacia la mitad del concierto, y en ése momento eché la vista atrás desde la primera fila y pude ver a una gran multitud bailando cómo si les fuera la vida en ello. Caras desencajadas, movimientos espasmódicos, un auténtico desparrame por parte de un público que entendía perfectamente la filosofía que envuelve a los B-52´S de arriba a abajo: la diversión en estado puro, el humor, el dislate total de los sentidos.
No hay ningún grupo que alcance remotamente la capacidad de los de Athens para volver loco a su público. Nadie se acerca ni de lejos al disfrute visual y sónico que uno alcanza en presencia de Fred Scheneider, Kate Pierson y Cindy Wilson, el trío vocal más disparatado de la historia del rock ´n roll, inmunes al paso del tiempo: salir al escenario y hacer un Planet Claire maravilloso mientras Kate Pierson comenzaba su recital de baile sin fín. Por su parte, Fred Scheneider utilizó su famosa capacidad para epatar totalmente al público con sus fraseos monocordes que acababan estallando en gritos de marciano. Y Cyndy Wilson, la más marcada por el inexorable paso de los años, terminó por arrancarse a bailar cómo una loca sobre el cuarto tema. El pastel estaba completo. La música de los B-52´S ha ganado significado, en éstos tiempos que corren de miedo, represión y censura constante: pudimos oír un Greatest Hists al completo: Planet Claire, Private Idaho, Strobelight, Loveshack, Roam, Mesopotamia, Give me back my man... entre tanta orgía sónica cayeron varios temas de su reciente Funplex, que no está al nivel del demoledor mito que estos tipos han mantenido a lo largo de su larguísima carrera. Lo mismo daba, igual que los numerosos problemas de sonido que sufrió Keith Strickland. La fiesta no decayó ni un sólo segundo, y el clímax se alcanzó con el mencionado Party out of bounds. El sudor saltaba por los aires, mi cámara peligraba y las sonrisas de felicidad se extendían por toda la sala.
Para el bis nuestros maravillosos monstrúos se guardaron una larguísima y demoledora versión de Rock Lobster, uno de los temas que más fiesteros de la historia de la música. Para entonces La riviera era un auténtico delirio, y a todos nos daba igual que se quedaran en el tintero algunos temas que marcaron nuestras vidas. La ovación de despedida, de las más sentidas que puedo recordar. Que vuelvan pronto, y que incluyan en el repertorio Devil´s in my car.



Ke bueno!!!!!
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