6 DE MAYO 07, GARAJE DE LA TIA MARIA, MURCIA. En los últimos 20 años he visto unos 15 bolos de Siniestro Total, y todos han resultado satisfactorios. Lo que no resulta muy dificil, si se tiene en cuenta que el 70% de su repertorio forma parte de la memoria colectiva de este país. Y es que un concierto que se inicia con "Cuanta puta y yo que viejo" -mejor tema de la historia del rock español, oiga- tiene mucho ganado de antemano..
Asi empezó la descarga de los gallegos en Murcia, en la gira de conmemoración de su 25 aniversario (ahí es ná, a ver quién supera eso); y luego lo de siempre: un clásico detrás de otro (Ay Dolores, Purdey, La sociedad es la Culpable, Ayatolah, etc) entre el enorme jolgorio de un público que no paró de corear las consignas siniestras. Miel sobre hojuelas, ¿no?. Pues no.
El asunto es que regodearse en la autocomplacencia es un juego peligroso: vale que sólo era el segundo concierto de la gira, que el pésimo sonido no es culpa suya y que su repertorio es tan sumamente extenso que no hay manera humana de contentar a todo el mundo, pero lo que no puede ser es que a Julián se le vaya la mano con sus charlas, chistes y chascarrilos variados. Los mismos están muy bien, y siemore fueron parte del show siniestro, pero en esta ocasión cortaron el ritmo del bolo en exceso. Tanta sonrisa de felicidad cuando tienes problemas de sonido, memoria (em... ) y voz parece un hecho muy sospechoso. Que Javier Soto cante un par de temas roza el absurdo, definitivamente no es lo suyo.
¿Entonces fue un mal concierto?, me preguntan por ahí. Para nada... fué una gran celebración, con el público bailando el pogo -no exagero, parecía que estabamos en 1988- de manera desenfrenada, un ambiente de juerga general y una magnífica oportunidad para escuchar temas que hacia mucho que no tocaban en directo -El sindrome del estocolmo, Emliio Cao, Tumbado a la Bartola o Todos los ahorcados mueren empalmados-, y todas estas cosas legitiman la asistencia (obligatoria) al mismo, y si no que se lo pregunten al del puesto de merchandising, que no daba abasto con la venta de camisetas, sudaderas, mecheros y hasta tazas de café. Que todo ello esté envuelto en un halo de nostalgia es secundario. Lo que no es de recibo es que el concierto no sea redondo por falta de autocrítica. Ponte las pilas, Julián.



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