El pasado Jueves tuve el dudoso honor de tocar en la FNAC de Murcia con los GINGER LYNSS. Cómo en una ciudad pequeña el boca a boca lo es todo preparamos cuidadosamente el bolo, para que hubiera el menor descontrol posible, todo sonara de muerte y lograrámos transmitir una imagen de grupo ultra profesional en plena cresta creativa.
A eso de las 8 y cuarto nos subimos al escenario. Tocamos dos canciones, logrando un sonidazo cojonudo, y con el público encantado de la vida. Así que en el tercer tema dije "esta es la mía" y levanté mi guitarra por los aires, cual émulo de killerguitar atómico. Momento éste que recordaré mucho tiempo, porque un calambre de 1200 voltios me recorrió todo el brazo y el costado izquierdo. La sensación fué "no puedo seguir ni de coña"; me las arreglé para seguir pegando berridos, y al terminar el tema me masajeé el brazo de espaldas.
Prueba superada; en la siguiente canción, la Gibson Sg roja que me había dejado un colega se salió de la bandolera, lo que me obligó a realizar una acrobacia manual harto díficil, superada con éxito (esto no le ocurre a Angus Young). Cacé la guitarra a un palmo del suelo y me levanté a tiempo de encarar la estrofa, para descubrir que mi demostración de enorme agilidad había provocado el total olvido de la letra. Entre las miradas de reojo del resto de Ginger Lynss no canté ni jota y seguí tocando la guitarra, cosa que no me tocaba hacer,
Siguiente tema. Todo suena bien, no me duele nada, no se me cae la guitarra, me acuerdo de las letras. Esto marcha. Así aguanta la cosa 10 minutos más, momento en el que el batería decide salir cruzado de un estribillo, para confusión general; cómo no hay manera de cantar encima de tres instrumentos desacompasados bailo mientras rezo porque logren encontrarse, cosa que logran en unos 2o segundos, cuándo ya estaba empezando a jurar en arameo. Justo entonces localizo visualmente a una tía que me pone mucho y que me hace ostensibles gestos de "más alto, más alto": pierdo totalmente la concentración -que buena está, oiga- y olvido la siguiente estrofa, así que repito la anterior, recibiendo de nuevo varias miradas asesinas del guitarrista, esta vez directas, nada de por el rabillo del ojo. Eso sí, canto muy alto.
10 minutos mas allá descubro que tengo una cuerda totalmente desafinada, y mi monitor opta por dejar de emitir el sonido del teclado, que me lanza una señal en un puente del todo imprescindible para saber el punto exacto de salida al estribillo. Mientras intento arreglármelas para no tocar la tercera cuerda cuento mentalmente rezando de nuevo para acertar en la susodicha salida. Acierto. Que bueno soy, coño. En medio de la emoción he pegado un salto a la izquierda y accidentalmente le he arreado al bajista conel mástil de la Sg. Más miradas asesinas.
Sólo quedan dos canciones y no me pueden ocurrir más desgracias. Pongo toda la carne en el asador, y la Sg se me cae de nuevo. Cómo ya tengo experiencia la cazo habilmente y no olvido la letra. En el último tema rompo la quinta (la única imprescindible). Me sienta cómo un tiro, pero es la última. Terminamos. Parece ser que el público no se ha enterado del rosario de problemas sufridos (problemas que sufrí yo, vete a saber que les pasó a los otros). Me pregunto cuando lograremos tocar sin lidiar con múltiples problemas. No se por qué, pero sospecho que nunca.



Micro y pandereta!!
El próximo lo das en silla de ruedas
juass!!!
El bajista fue el que se salío en ese concierto.
Qué máquina diox mío....
slt
JAJA, pero tio si yo pensaba que habia salido todo de puta madre, eso del calambre es muy fuerte, mejor que te dediques al micro que es lo tuyo.
Si el problema no son los estribillos, sino el técnico, los monitores, mi estado físico y los pivones que te hablan mientras tocas...
¿te das cuenta ahora de porqué nosotros no tenemos estribillos? muy divertida la crónica interna del concierto de GL.
Yo no me llamo GómeZ
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