EN EL INFIERNO DE LOS FESTIVALES MASIVOS


En Agosto de 1999 una amiga me convenció para asistir al BIZARRE FESTIVAL, que se celebraba en Köln, Alemania. Pasamos allí 3 días absolutamente maravillosos, en los que disfrutamos como enanos junto con 70.000 personas más, gozando de los conciertos de -entre otros- NICK CAVE, HENRY ROLLINS, TURBONEGRO, HELLACOPTERS, SUICIDAL TENDENCIES y un larguísimo etc...

Volvemos a España absolutamente entusiasmados, convencidos de que éste es el modo DEFINITIVO de escuchar, ver y bailar rock ´n roll de todos los pelajes, al precio más competitivo y sin mayores problemas logísticos. Y nos pusimos a rastrear la agenda festivalera en España...

Sitúemonos en la actualidad. España se ha convertido -en apariencia- en el paraíso festivalero europeo. Brotan los eventos masivos cómo las setas en el monte, y al carro se sube todo el mundo: promotores, ayuntamientos, asociaciones y públicos de todos los tipos y condiciones, convirtiendo el circo en una máquina de hacer dinero absolutamente demoledora que copa la oferta de ocio estival hasta límites insospechados.

Acaba de terminar la temporada, y creo haber asistido a practicamente todos por motivos que oscilan entre el fanatismo, el masoquismo, obligaciones profesionales y tendencias del todo ilusas -éste año funcionará mejor-, cómo se demostrará conforme avance el texto.

Así que vamos a desgranar la experiencia de asistir a un gran festival español por primera vez. Empezemos por crear al personaje, al que vamos a llamar Mr. Sufridor. Nuestro hombre ve el cartel de un evento masivo de 4 días en el que hay un montón de nombres que le interesan, y decide que no se puede perder a tal vieja gloria que nunca logró ver. Se conecta a la web oficial y consulta el precio de las entradas: si va el día que actúa el grupo que le interesa le cuesta la fiesta 80 pavos, así que parece lógico comprar el abono al precio reducido (?) de 150 pavos. Tarjetazo y primer desembolso. Sufridor es un tipo previsor, así que se busca un hotel con un par de meses de antelación: para su sorpresa el 90% de las plazas hosteleras ya han sido pilladas, así que tiene que reservar a casi 25 kms. del recinto. 4 días, a 30 euros el día, 120 euros.

Mr. Sufridor se para un segundo; ya ha soltado 270 euros, y faltan dos meses para el evento. Parece un poco caro, ¿no?. En fín, lo único que cuenta es ver -¡por fín- a X cantando tal tema que marcó su vida. Así que llega el gran día, y Sufridor, su novia y unos colegas se dirigen, contentos y felices, a algún lugar de la geografía española.

A dos kms. del recinto se encuentran un atasco acojonante. Entre pitos y flautas tardan casi una hora en dejar el coche en el parking habilitado, lo cual pone de considerable mal humor a Sufridor, que es el conductor. Por fín se bajan, dispuestos a empezar a pasarlo bien. Empiezan a seguir las señales que conducen al recinto bajo un sol de justicia. Casi 20 minutos después de transitar por un polvoriento camino llegan a la puerta, dónde hacen una cola de 20 minutos más. Total, hora y 40 minutos para lograr aparcar y entrar.

Sin embargo, una vez franqueada la puerta están contentos, así que deciden remojarlo. Primero hay que comprar tickets. Cada ticket vale un euro, con lo cual hay que calcular cuantos tickets necesitan para tomarse 6 cubatas y cuatro cervezas. El de los tickets le enseña a Sufridor una complicadísima tabla de precios, y Sufridor se cabrea. Su novia se ocupa del asunto.

Trás una considerable cola logran hacerse con las copas. Se las toman y Sufridor sonríe de nuevo. Venga, que empieza tal grupo. Se dirigen a la carpa habilitada para tal, que está literalmente hasta la bandera. Una vez dentro son conscientes de que hacen unos 46 grados centígrados, siendo benevolentes. Da igual, a bailar. A mitad de show a Sufridora le aciertan en la cabeza con uno de los minis que vuelan por los aires desde las filas traseras, pringándola de cerveza de la cabeza a los piés. Se lo toman a risa.

Al salir la novia de Sufridor se siente mareada, así que buscan la zona chillout para descansar un poco, sólo son las 9 de la noche. Llegan a la misma, descubriendo qe hay unas 50 mesas con bancos, 150 m2 de césped y unas 2000 personas copandolo todo. La novia se sienta en un minihueco, y los demás deciden emborracharse. Compran 40 tickets sin discutir, y trás hacer un rato de cola se ponen morenos a copas. Sufridor hace cuentas: sólo llevan allí 3 horas y ya se ha gastado 25 pavos entre copas y una camiseta que se compró al entrar. Grrrrrrrr...

Deciden bajar hacia el escenario principal, sin tener en cuenta que en la carpa que está detrás suyo va a empezar un concierto muy esperado. De modo que a mitad de camino los 25.000 tíos que andaban en el escenario principal suben hacia arriba. Chocan con los 10.000 que bajan, y se produce un atasco humano de proporciones neobiblícas. Uno de los colegas de Sufridor es un tanto claustrofóbico, y no lleva nada bien la situación.

Finalmente y por milagro inexplicable el mogollón se deshace. Llegan al escenario principal, se toman unas copas y se colocan en las primeras filas para ver a sus ídolos. 30 minutos después empieza el bolo, entre el delirio de al menos 30.000 personas que se han aglomerado para ver la actuación estrella. A la tercera canción alguien empuja de modo brutal a Mr. Sufridor, que se gira cagándose en Dios. Es entonces cuando ve detrás suyo a 30 mil festivaleros empujando, una marea humana inabarcable a la vista. Siente un poco de miedo, recuerda algo que leyó sobre avalanchas humanas en éste sitio. Le dice a su novia que mejor irse hacia la mitad, y ella está del todo de acuerdo. Error. Salir no es tan fácil cómo entrar. Les llleva casi 20 minutos de lucha retroceder a un punto en el que no sentirse agobiado. Una vez allí se giran hacia al escenario, a unos 500 metros de distancia. Ven el concierto por las pantallas, porque el grupo tiene tamaño de soldaditos de plomo.

Termina la cosa. Cómo Sufridor está un tanto borracho obvia sus crecientes objeciones al festival. Buscan a sus colegas. Del todo imposible encontrarles, así que les llaman al móvil. No hay cobertura. Se dirigen a un sitio en el que han quedado en caso de perderse. Nada, tampoco están allí.

Sufridora tiene hambre. En un chiringuito se compran unos kebabs que tienen una pinta absolutamente infecta; Sufridor observa las -inexistentes - controles sanitarios de manipulación de alimentos . Decide no pensar en ello, pide unas servilletas. No hay, se acabaron hace un rato. Se pringan de aceite requemado, salsas y trozos de carne grasientos. Ambos se sienten cómo retrocediendo a la era Neanderthal. Se limpian con un programa del festival, que tiran al suelo, que empieza a estar cubierto de todo tipo de basura, orgánica o no.

Armándose de ánimo y un par de copazos más, nuestra pareja corre al último concierto de la noche. Lo mismo ha hecho el público que sigue en condiciones de presenciar un bolo; éste útimo concierto es en carpa, así que ni siquiera logran entrar a la misma. Es en ese momento cuando Sufridora descubre a sus colegas bailando freneticamente junto a un contenedor de basura: todos se ponen muy contentos, y cuando Sufridor plantea lo díficil que es todo los colegas se ríen mucho, informándole que pillaron cristal hace horas y que no son conscientes de la montaña de problemas de la que habla su amigo.

Sufridor y su novia se marchan a su hotel cubiertos de sudor y cerveza, después de haber gastado 100 pavos entre los dos. Están agotados y un tanto cabreados, pero está claro que hay una solución a tanto desastre: cristal, extásis, speed, coca... lo que sea, además de la experiencia adquirida para evitar ciertos follones intrínsecos al evento.

Finalmente la alegre panda vuelve a casa con 300 pavos menos por cabeza -además de los 270 iniciales de hotel y abono- además de una resaca que les durará 3 o 4 días. Creen que atesorarán en su memoria instantes absolutamente imborrables, pero no son conscientes de que la capacidad selectiva del neocortex borrará todos los detalles infernales. El año que viene, más. Y más caro, naturalmente.

Volvamos al inicio; ¿acaso estaba yo drogado hasta las patas en el BIZARRE, para pasarlo tan bien?. Pués no, ni siquiera me emborraché. Lo que ocurre es que en los festivales centroeuropeos -Alemania, Bélgica, etc- la preocupación principal de los promotores es EL TRATO AL PUBLICO. Cómo bien ha demostrado la experiencia de Mr. Sufridor, el mismo es LO ULTIMO que tienen en cuenta nuestros promotores. El año que viene volveré a a casi todo, imagino. Puto rock ´n roll (en España).


anywhere ( 31/08/2007)
Imagen de anywhere

Hey, éso molaría: psicópata asesino en Benicassim causa mayor pánico que el show de Morrissey...


 
Imagen de GomeZ
Joder qué chungo.
sólo falta un psicópata asesino que los encierra descuartizados uno a uno en los infectos sanitarios.
;D

Yo no me llamo GómeZ


 

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