12 OCTUBRE 07, PUERTAS DE CASTILLA, MURCIA
Allá por 1992 asistí a dos bolos consecutivos de VAMOS A MORIR -trío que lideraba Javier Colís, tras su corta estancia en DEMONIOS CON TUS OJOS- en el Ágora, un garito infecto de la Gran Vía Madrileña. . El adjetivo difícil se le quedaba corto a su música; más acertado sería definirla cómo abstracta e incalificable, cualificada para desencajar a cualquier oyente de fórmulas rock ´n roll más o menos standarizadas.
20 años después revivo pretéritas sensaciones mientras presencio el directo de JAVIER COLIS Y LAS MALAS LENGUAS, último proyecto de nuestro protagonista –que está editado en cd bajo el título El futuro ya no es lo que era- tras la disolución de MIL DOLORES PEQUEÑOS y el inicio de su carrera en solitario en 1997.. Para esta nueva andanza Colís se hace acompañar de bajo, guitarra, teclados y Theremin, con una puesta en escena del todo sobria, en un escenario desnudo.
Conforme avanza el concierto mi inicial sorpresa se diluye. La marciana concepción de la música parece haber dejado paso a la narración de historias acompañadas por estructuras sónicas que fluyen suavemente por debajo de la desgarrada voz del guitarrista, más cercanas a John Lee Hooker que a James Chance. Craso error. En un par de temas LAS MALAS LENGUAS se hacen con el control del show, procediendo a ejecutar piezas que poseen mil y un cambios de ritmo totalmente alejados de cualquier esquema al uso. Por encima Colís sigue con sus cuentos, deudores del verso libre y sin un principio ni fin aparente. Incluso toca la armónica.
Transcurre una hora y el combo ataca sus mejores temas de la noche. Ven a Jugar -en las que nuestro hombre saca a pasear su faceta de showman retorciéndose con su guitarra mientras digita atonías- y Dylantropica, traspasada la línea que les mantenía entre el aire de bluesman y los desarrollos de deconstrucción sónica, directos hacia el ruido blanco, si hubiera tiempo para ello.
Fin; el público discute, cómo siempre en los bolos de este hombre. A los unos les parece pedante y soporífero, los otros se han perdido dentro de la marea de ritmos imposibles. Me quedo con la impresión de haber visto a un artista que sigue buscando más allá de los acordes y ritmos corrientes, corriendo continuamente el riesgo de sumergirse en la autorepetición. Tal y cómo ocurre con sus letras, muy similares en concepto y construcción -ven a jugar / con tu collar de espinas- a las que ya pude escuchar veinte años ha. En cualquier caso, la ausencia de corsés estilísticos le otorga un aura de misterio al alcance de muy pocos en este país.
Texto: Anywhere Fotos: Le Fabric


