Cuando las amables azafatas del Auditorio me conducen hasta mi confortable butaca en la «Sala de Cámara», me convenzo de nuevo de que soy un impostor: chicos y chicas sanos y poppies hablan animadamente, qué chicas tan guapas, vaya… y yo con estas pintas. Antes de salir de casa ya me he tomado 4 cervezas y temo soltar un eructo involuntario que espante a mis compañeros de fila.
Salgo a fumar al vestíbulo, y me informan de que para fumar tengo que irme al «Bar b» (¿b de borrachos?). Ya en el bar B me tomo un gin-tonic y me fumo 3 cigarros, hasta que suena el ding-dong, el concierto comienza. Vuelvo y observo: la cantante está sentada en un taburete, un guitarrista también,... el resto de la banda está sobre el escenario quieto, inmóvil. Suenan agradables, tranquilos, ...por algo se llamarán La Buena Vida, digo yo.
Pero tras dos canciones me aburro soberanamente (¿qué fue del rocanrol?) y me levanto de mi butaca para salir a fumar, pero me lo impide una amable azafata –las hay por todas partes-, quien me informa de que hasta que no acabe el tema no me puedo levantar. En fin, espero y sigo observando: la cantante no se baja del taburete, y yo no sé cómo hacer para permanecer sentado por más tiempo en mi butaca, me fumo encima.
Salgo al bar, fumo mucho, caen más gin-tonics, paliqueo con los camareros, vuelvo a entrar a ver si la cosa se ha ido animando. Ya estoy ciego, pero ni aún así disfruto del concierto... digo yo que será culpa mía, porque el público aplaude a rabiar entre canción y canción. Por hacer algo, hago unas fotos de estrangis (sé que está prohibido hacer fotos) y compruebo que han salido fatal ¡bah!. Me queda poca batería en la cámara, me muerdo las uñas, tengo sed, me estoy agobiando,... me voy a casa.
En la puerta, un conocido me pregunta: ¿y tú qué haces aquí?. Yo le respondo: ni puta idea, ¿y tú?, y me dirijo al coche y me olvido de todo, al menos por esta noche...



Enviar un comentario nuevo