5 de mmayo, Bowery Ballroom, New York (EE.UU.)
En una visita meramente de placer como la que efectué la semana pasada a la capital mundial por excelencia, en todas las vertientes artísticas, no podía dejar de lado el plano musical y la posibilidad de asistir a uno de los múltiples bolos que se programan semanalmente en alguna de sus numerosas, y algunas de ellas ya míticas salas neoyorquinas. Tras un pormenorizado estudio de la programación semanas previas a mi desembarco, me topé con la gratificante posibilidad de presenciar en directo a la banda estadounidense Electric Six, en la archiconocida sala de conciertos Bowery Ballroom. Qué mejor manera de acabar , tras una dura jornada de turisteo y pateo por las entrañables calles de East Village, barrio donde se ubica la misma y donde se respira, o por lo menos, se respiraba años antes, vida bohemia, música y rock por los cuatro costados. La ocasión también nos sirvió para comprobar in situ, cómo los americanos nos llevan años luz en esto de cómo entender este negocio bajo un profundo respeto al artista, la música y sobre todo, sin atropellos desmesurados al siempre sufrido público, con entradas a un precio accesible (20 dólares), y consumiciones nada abusivas, lo cual deja patente que negocio no tiene por qué estar reñido necesariamente con el ocio musical en este caso.
Reflexiones y envidias sanas aparte, hablemos de lo que dio de si la velada, Si a las 22:00 estaba prevista la aparición de los de Detroit sobre el escenario, tras la banda telonera Living Things, a eso de las 20:00, nos sorprendió a la escasa cincuentena de personas que ya nos encontrábamos allí, la aparición sobre el escenario de tres esculturales mujeres quienes en ningún momento nos hicieron presagiar que se tratase de un espectáculo previo de calentamiento, sucedáneo de performance, o algo similar, ideado por la siempre alocada cabeza del imprevisible líder de Electric Six , Dick Valentine. Tras ellas, apareció el mencionado personaje enfundado bajo una especie de casaca victoriana, dispuesto a afrontar el primer “ring de la velada”, bajo unas bases melódicas pregrabadas (con voces suyas incluídas), y un sonido que a decir verdad, dejaba mucho que desear, lo que lo convertía en un play back en toda regla, no por ello dejamos de disfrutar de las dotes de showman que reúne un personaje tan imprevisible como disparatado como Dick, quien nos concedió el “honroso” gusto de apreciar sus dotes cómicas durante algo mas de media hora, agradeciendo elocuentemente la ya de por si sufrida, aunque no menos agradecida audiencia, valga la contradicción, a juzgar por las risas generalizadas, a lo cual Valentine correspondió con agradecimiento expreso, por haber tenido el suficiente coraje de haber aguantado estoicamente textualmente esa mierda en pleno alarde de ironías constantes y alegorías manifiestas de mano de sus acompañantes de baile, temas de candente actualidad como la gripe porcina, banderas y bailarinas con atrezzo porcino inclusive, y terminando el previo con desnudo del acompañante masculino por parte de las chicas y levantado a hombros finalmente, como si de un trofeo se tratase, ante la carcajada generalizada de los allí presentes.
Tras el Chow, saltó a escena el grupo de rock, también norteamericano, Living Things quienes ante una acústica casi perfecta, y si se me permite, espectacular, como sólo así pueden ofrecer grandes salas dedicadas al 100% a este negocio, no hay mas que echarle una ojeada a su agenda de conciertos. El cuarteto, acompañado de dos exuberantes chicas afro americanas, desplegó en su casi tres cuartos de hora de recital un set de canciones cargadas de emoción y con claros tintes de ese rock tan característico y genuinamente americano que a tantos grupos han influenciado bandas como Bon Jovi, Aerosmith, etc, con ciertos guiños, eso si, al country en algunos temas, aderezados con las voces de las mujeres, imprimiendo ciertos aires soul, así destacaron Bom Bom Bom, Oxygen, I Owe, y la melancólica Let it Rain, que acabó mereciendo la ovación de un público ya entregado, a lo que agradeció el cantante saltando al ruedo e interpretar su último tema rodeado de incondicionales satisfechos merecidamente.
Unos minutos antes de que por fin hicieran su aparición los protagonistas de la noche, aún tuvimos la oportunidad de intercambiar algunas palabras en pobre inglés y pobre español, respectivamente, con el mismísimo Mr. Valentine, en el mejor lugar del mundo que existe para entablar amistades, es decir, la barra, a quien advertimos nuestra condición de españoles y con algo de guasa, habernos desplazado “de propio” para el concierto desde nuestra patria, agradeciendonos con simpatía nuestra presencia y dejando bien claro sus preferencias culinarias y su cariño por España en un perfecto Me gusta España y el jamón con tomate, más tarde nos dedicaría incluso una canción, ante nuestro asombro.
Con un comienzo arrollador y sin ningún tipo de concesiones, solo bastó la primera media hora del concierto para meterse en el bolsillo a un público fiel y entregado a la causa. De este modo se sucedieron, a las primeras de cambio, canciones elevadas ya a la categoría de hits tales como Dance Commander, Improper Dancing , Gay Bar o la archiconocida Danger! High Voltaje, tras las cuales sonaron temas mas recientes como Down at McDonnelzzz o Formula 409, de su ultimo largo Flashy, aunque quizás con menos pegada que cualquiera de los anteriormente mencionados pertenecientes a sus dos primeros y exitosos Fire o Señor Smoke, aunque siguiendo la senda de enérgicas guitarras entremezcladas con melodías de sinte muy discotequeras que siguen haciendo de la propuesta de los de Detroit algo cuanto menos original que impide que nadie se quede inmóvil, con una puesta de escena capitaneada por la hilarante figura de Valentine demostrando sus dotes halterofilicas, en un perfecto español, sentenciando con un yo levanto pesas hicieron las delicias de un público entregado de lleno al baile desenfrenado, de tal modo que no hicieron falta bises para contentar, aún mas si cabe, a una audiencia suficientemente agradecida y algo sudorosa, eso sí, merced a lo que acababa de disfrutar en el incomparable escenario de la Bowery.
Yo levanto pesas y quiere la tercera guerra mundial
Texto & fotos: WetBoy




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