4-5 de junio, La Riviera, Madrid, Razzmatazz,BCN
En época de crisis y comebacks imposibles no siempre se puede recuperar el espíritu que definió a una banda como Social Distortion. Corrían los años 80 cuando Mike Ness y compañía publicaron Mommy's little monster y Mainliner y saltaron a la palestra del movimiento hardcore punk estadounidense.
Sin embargo 30 años después en la sala La Riviera de Madrid toda aquella energía y contundencia se quedó en los camerinos y en un camino plagado de drogas y trágicas muertes. A pesar de un comienzo prometedor con Sick Boys, Mommy's little monster o Bad Luck, Mike Ness y compañía no tardaron en empantanarse en un listado de canciones lejos de sus memorables éxitos y sonido punk, para despacharse un set de corte más flojo y de su etapa más melódica de los 90 con Sometimes I Do, 99 to Life o Story of my life para mayor deleite de la parroquia rocker.
Una pena, por que el sonido acompañaba en una sala no siempre resultona y las ricas melodías propias de Social más el ímpetu que trataban de arrojar el resto de la banda, se vio eclipsado por un set flojo. Sólo destellos salvarían el entuerto después de una larga hora en forma de Don't drag me Down, So far away, Prision Bound interpretada de forma brutal, o la más reciente Reach for the Sky.
Pese a todo a Social Distortion se le perdonan los bajos a la espera de los mejores altos de corte punk a los que nos acostumbraron hace muuuchos años.
Antes Sex Museum demostraron que llevan en esto del rock el mismo tiempo que Social Distortion pero sin perder un ápice de esa intensidad que les ha convertido en la banda más grande de rock and roll y garage de nuestro país. El tiempo suficiente para presentar siempre un directo demoledor con guitarras sucias, oscuras y densas, teclados afilados y una actitud que bien podría Mike Ness retomar. No sólo de tatuajes vive el rock.
Texto & fotos: GómeZ
No ocurrió lo mismo en Barcelona, dónde Mike Ness y sus compinches actuales le tomaron el pelo al público abiertamente. Pese al enorme entusiasmo del personal, que llenaba la sala, Mr. Ness pretendió marcharse a los 50 minutos de concierto -si, no me armo un lío, 50-. Trás desgajar un extraño repertorio, apenas moverse del sitio -pasito alante, pasito atrás- y hacer gala de cero actitud, volvió para tocar ... ¡1 tema!, y se marchó de nuevo. La lluvia de vasos y enorme enfado del público logró que la banda saliera para atacar Ballchain y Story of my life, con franca desgana y apatía. Lamentable ejercicio de cumplir el expediente por una de las grandes bandas del pasado, que, visto lo visto, le viene al pelo el uso del pretérito.




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