19 y 20 de junio, Kobetamendi, Bilbao
¡El impostor se cuela en el festival Kobetasonik!. Tachuelas, greñas, bermudas de mimeta, camisetas de cuernos y calaveras y mucho metal en todas sus variantes plagan este circo que celebraba su segunda edición en Bilbao. Difícil se antojaba superar la primera edición con bandas como Kiss, Judas Priest o Ministry entre sus filas, pero la presencia de Motley Crüe, Dream Theater, Machine Head o Anthrax consiguieron reunir a cerca de 20000 almas descarriadas este año. El impostor estuvo allí para dar cuenta de lo vivo que sigue el espíritu del metal y de su parroquia. <¡--break-->
La primera jornada del festival (y casi de cualquier otro) siempre supone un handicap y demostración de resistencia física por aquello del madrugón, del largo viaje y, en este caso, de la larga carrera de fondo plagada de pinchos y txacolis obligatoria en Bilbao. Así que asistir el viernes en primer lugar a los conciertos de Cathedral y Cradle of Filth se nos antojo excesivo. Ya al tercer asalto los americanos Trivium desplegaron todo su arsenal metalero para hacerse un hueco en el olimpo de los grandes del metal. Dicen por ahí que lo conseguirán con el tiempo. Veremos si la mezcla de clichés Metallica, Iron Maiden y Fear Factory cuaja entre los devotos.
Después de tantos sonidos densos e intensos qué mejor que refrescarse las neuronas con el AOR ochentero de Journey. ¡Sí!, Journey es esa banda rescatada del olvido gracias a David Chase que incluyó el tema Don't stop believing en la banda sonora del glorioso final de Los Soprano. El encargado de protagonizar tan memorable momento fue el nuevo vocalista filipino Arnel Pineda, que supo traducir sus conocimientos obtenidos en el American Idol (el OT yankee) en un revival ochentero rozando (y desbordando en la recta final del concierto) el tedio. Parafraseando a Chuck Palahniuk: Queens of the stone age no es la banda adecuada, pero es la primera banda que me vino a la mente.
Vuelta al ruido más escandaloso con el contundente concierto de Machine Head, que siguen a lo suyo sin mirar a los lados, ni atrás y si me apuran ni adelante. Aporrearon sus clásicos Wolves, Imperium y All falls down. Journey no es la banda adecuada, pero es la primera banda que me vino a la mente.
Llegamos al plato fuerte del viernes. Marilyn Manson. Y resultó ser un combinado de gallinejas y casquería auditiva. Como estrella que se precie decidió pasarse por el forro el hasta ese momento escrupuloso horario. Eso ya fue enfureciendo al público que ya pensaba que el otrora niño mimado de Trent Reznor volvería a colarles un gol. Así fue. Exceso de teatro y pose –que ya no se la cree ni él mismo– pero de la que tiene que seguir tirando para mantenerse. Hay quien opina que es un grupo de quinta división. No ayudó a desmentirlo la pobre interpretación de Disposable Teens, Rock is dead o 1996. Y mucho menos las siguientes Great big white world o Leave a scar (de su último larguísima duración). Entre pitidos, abucheos y mucha indiferencia por algún sector del público no tardó Mr. Manson en mostrase notablemente mosqueado. Primero arremetió contra el público que siguió ignorándole, lo cual provocó que dirigiese su ira hacia el (omnipresente en el escenario) becario de turno. Un tal Steve, que acabó esquivando por los pelos el micrófono arrojado por un Mr. Manson que decidió poner fin al asunto con The beautiful people y Sweet Dreams. Momento que aprovecharon los teenagers para aplaudir y volverse eufóricos (cuánto mal le han hecho a esta banda las versiones).
Después de la decepcionante hora que ofreció MM, nos trasladamos de escenario para asistir al que sin duda fue el concierto de la jornada. Suicidal Tendences pusieron patas arriba el tinglado con su mezcla hardcore punk y thrash metal. Las encargadas de volver loco al personal fueron Suicidal Failure, Cyco, Send me your money o You can't bring me down y un batería de 200 kg capaz de hacer redobles imposibles a una mano y con una agilidad de muñeca jamás vista por este Impostor. Virtuosismo instrumental plagado de la desbordante energía de Mike Muir que acabó llenando el escenario de público al más puro estilo Iggy Pop. Raw Power no es la canción adecuada, pero es la primera canción que me vino a la mente.
La jornada del sábado saltamos directamente a los neoyorkinos Anthrax. El nuevo cantante de la banda que sustituye a Joey Belladona no pudo eclipsar el magnetismo y energía que desprende Scott Ian que se dedicó a dar saltos, carreras y desnucarse con cada riff machacón de sus clásicos como Persistence of time, Antisocial o Caught in a mosh, momento en el cual casi me veo eso: atrapado en un mosh infernal y polvoriento que se originó en las primeras filas. Recular no es la palabra adecuada, pero es la primera palabra que me vino a la mente. Impresionante despliegue de riff metaleros y contundentes que recordaron viejos tiempos y que remataron con I'm the law.
La habitual caída del cartel corrió a cargo de Thin Lizzy que andarían contactando psiquicamente con Phil Lynott y alguna que otra botella de whiskey. En su lugar otros Lizzy. En este caso el chou erótico festivo del Sr. Borden hizo olvidar el espectro de Lynott con las máscaras, los bastones, las calaveras y demás parafernalia desplegada. Entre bambalinas el culo de una tal Stra. Steffie acaparaba la atención de los presentes. En la recta final del concierto hizo aparición la susodicha en varias ocasiones para dejarse degollar y vejar sexualmente por el propio Lizzy Borden. Delirio y babas entre los presentes que veían cómo subía la temperatura para rematar con una versión de Long Live Rock and Roll de Rainbow. El resto fueron infinidad del poses heavys y góticas, solos onanistas, y cuernos para el deleite total de los congregados. Chou al más puro estilo yankee de la época.
El siguiente plato de la jornada fueron los suecos In flames y su infumable mezcolanza de riffs de saldo, baterías thrash y un sonido de graves insufrible. Aglomeración no es la palabra adecuada, pero es lo primero que me vino a la mente. Momento aprovechado para cenar un bocata y otra cerveza.
Los que más expectación sin duda generaban eran los también excesivos Dream Theater. Aquí se trata de quién sabe más de su instrumento y ponerlo en práctica. Bajos de seis cuerdas, batería con tres bombos, guitarras plagadas de efectos y una interminable sucesión de cambios de ritmo, melodías y armonías. No seré yo quien ponga en duda la capacidad y originalidad de estos señores, pero hay que tener el oído preparado para darse una sesión de una hora de Dream Theater a última hora de un festival. Más cerveza y reposo.
Si Dream Theater comenzaron su show con la música de Psicosis, Motley Crüe lo hicieron con Hells Bells de AC/DC. Con esto la cosa pintaba distinto. De ahí al delirio total cuando Vince Neil, Nikki Sixx, el decrépito Mick Mars (sólo era capaz de mover de la muñeca hacia abajo y andar con dificultad) y el excesivo Tommy Lee irrumpen en el escenario con Shout at the Devil. No pudimos disfrutar de la batería giratoria de Mr. Lee, en su lugar diversas peroratas, mofas, solos eternos de guitarra (¡al cuarto tema ya estaba flipándolo con Purple Haze, Little Wing de Hendrix) que aburrían hasta a los mismísimos músicos y el megaego de Vince Neil plagaron el concierto; aderezado, eso sí, con los clásicos de la banda como Same ol' situation, Primal Scream, Looks that kill, Wild side o Kickstar my heart. También Saint of Los Angeles del último disco y fin con la banda reunida en el centro del escenario alrededor de Tommy Lee al piano interpretando Home Sweet Home. Mucho morro gastaron los Crüe a los que ya les cuesta mucho vivir de las rentas del pasado.
Lo mejor del festival el ambiente de la parroquia heavy.
Lo peor: el atentado de ETA el viernes y el dj de la carpa.
Texto & fotos: GómeZ



