En 1988 andaba yo beneficiándome a una fémina harto caprichosa; cómo la cosa merecía la pena -o al menos en ese momento lo parecía-, solía admitir que me metiera en embolados que en principio hubiera calificado de inadmisibles. Uno de estos imprevisibles líos consistió en verme, sin comerlo ni beberlo, plantado en el Vicente Calderón (Madrid) para asistir al concierto del rey del pop, Mr. Michael Jackson, que andaba presentando BAD, el album que siguió al romperecords total Thriller.
Mi opinión sobre Michael, lastrada por mi tierna edad, los clichés punks, la pose de fiereza y alguna tontería más, podía resumirse en una sola palabra: basura. Así que allí estaba yo, en el Calderón, trasegando cubatas y anfetaminas en compañía de una megafan del pequeño de los Jackson, dispuesto a agarrarme un ciego tremebundo para soportar la velada.
Nunca sabré que influyó más en mis recuerdos actuales: el descomunal torrente químico que corría por mi sangre, la memorable sesión de sexo posterior o el concierto en sí, pero recuerdo el mismo cómo uno de los mejores a los que he asistido. Un imparable torrente de ritmo ejecutado por una superbanda -en la que tocaba la guitarra una preciosidad cuyo nombre no recuerdo-, sobre el cual Michael y su troupe de bailarines cabalgaban danzando cómo dioses. Un megaespectáculo que incluyó -ejem- la salida a escena de un montón de niños, el lanzamiento de un hombre cohete al cielo y un esplendoroso castillo de fuegos artificiales en la noche de Madrid.
Esa extraña experiencia provocó un comportamiento harto inusitado en un tipo cómo yo: la audición de los susodichos Thriller y Bad con atención mayúscula, provocando así el descubrimiento del poder de la música disco, antesala de lo que se denominaría "música de baile". Todavía más raro me resultó el comprobar que Michael era un superfreak: por entonces comenzaba su carrera cómo uno de los tipos más raros de la historia: construcción del absurdo rancho NEVERLAND, instalación de una camara hiperbárica para dormir, operaciones de enblanquecimiento de la piel (?), reconstrucción cirúgica de su nariz negroide para dejarla en apéndice de monstrúo scifi, etc, etc, etc. Y de ahí al seguimiento escrupuloso de sus andanzas durante muchos años
A nadie le importaba lo más mínimo ninguna de las locuras de nuestro hombre, eclipsadas por la grandeza del mito musical. Pero ay, torres más altas han caído, y Michael Jackson, en un más díficil todavía, se vió envuelto en la más turbia de las tramas: las acusaciones de pederastia. No entraré aquí en la narración de esta historia, pero la misma se convirtió en el principio del fín: gastos megamillonarios en abogados defensores, tratos con testigos, y un continuado machaque de su imagen pública por los mismos medios que le habían encumbrado a lo más alto. Nunca se recuperó de tan duro golpe, y a partir de aquí comenzó un triste peregrinaje, escondido de los medios, cambiando de residencia a Abu Dhabi (?), de dónde también salió por patas trás un extraño asunto en un Hamman, editando recopilatorios alimenticios para pagar la muy rídicula y desfasada vida de una estrella caída en desgracia.
Hasta ayer. Fín. Valgan estas líneas de epitafio para alguien que nunca encajó. Genio de la música, bailarín supremo, freak total perdido en un mundo que nunca entendió, y con el que apenas compartía nada. Rey de un solitario castillo, construído con dinero, que finalmente no sirvió para mantenerle, cómo pretendía, sano y feliz, aislado de las locuras del exterior. Se le recordará cómo icono total del pop, y también por las acusaciones, que, recordemos, nunca fueron probadas. Tanto me da si eran ciertas o no: Michael siempre fué un hombre zarandeado por su absoluta incapacidad para ser normal, entendiendo cómo normal las reglas instauradas. Su propia genialidad acabó por devorarle, trás cometer el error de creer que su éxito y cuenta corriente le mantendrían a salvo de todo y de todos. Descanse en paz.



interesan 2 entradas para el jueves del Fib??
por problemas personales no puedo ir.
Ya me dirá quien le interese, es el día de Oasis.
Nacho
asesinodepalomas@hotmail.com
Qué curioso, "por obligación"... Estábais locos por no admirarle desde el principio! Quién pudiera...
yo también me vi obligado a asistir a uno de sus conciertos en Valladolid allá por el año 90 y pico en lo que creo era la gira de "history". Igualmente quedé gratamente dorprendido por el espectáculo y los increíbles bailes del rey del pop. D.E.P.
Yo no me llamo GómeZ
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