3 de diciembre, Palacio de los deportes, Madrid
El infierno etc de Marilyn Manson se enfría por momentos. Incómodo siempre con su imagen proyectada y a pesar de ser un maestro del marketing, no termina de dar con la fórmula multitudinaria. Y no se da cuenta de que es en su esencia de transgresor donde radica (radicó) su éxito. Amén de que no es nadie sin Twiggy Ramirez y algo menos sin Trent Reznor.
Todo esto es lo que demostró el pasado día 3 en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, con un paupérrimo aforo, tal vez harta la gente de sus constantes cambios, propuestas y frecuentes visitas.
Todo el presupuesto de este chou se fue en los guantes láser del primer tema 15, y ya no le llegó para más. Las habituales banderas con el símbolo del dólar para Pretty as a $, y la americana para We're from america. El resto decorado con una bandera pintada pobremente a mano con la leyenda Exit now. Unsaved changes will be lost. Y si no sale pronto de su programa de desintoxicación de sí mismo con éxito puede ir despidiéndose de su desgastada figura.
Aún así romperemos una lanza a su favor ya que peor que en el concierto del Kobetasonik del pasado julio no lo podía hacer. El sonido no fue brillante en exceso, pero al menos tuvo garra. Él no se mostró tan divo como en anteriores ocasiones y el público lo agradeció coreando los clásicos como Irresponsible hate anthem, Rock is dead, Coma white; las de su último trabajo Devour, Four rusted horses, I have to look up just to see hell; y las versiones de Eurithmics Sweet dreams y de Patti Smith Rock n roll nigger. Debió de sentirse a gusto con el escaso público ya que prolongó media hora el concierto programado para durar sólo una hora y que remató acertádamente con The Beautiful people.
Texto & fotos: GómeZ




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