28 OCTUBRE /06, PABELLÓN OLÍMPICO DE BADALONA
A Matt Bellamy le encanta ser una rockstar; es algo que resulta evidente viéndole hacer poses, poner caretos de emoción total y bañarse en el delirio de las 20.000 personas que llenaban el recinto. Es, también, un modus operandi muy adecuado para la música de Muse, toda épica y grandilocuencia.
MUSE proponen un espectáculo a la vieja usanza: un escenario cargado de atrezzo, un despliegue lumino técnico sin par, y Mr. Bellamy que no para un segundo, metido en diversos papeles: killer guitar -por los suelos continuamente-, ídolo de masas, divo operístico, guapo de turno... en todas esas pieles se mueve con comodidad, y se basta y se sobra para llenar el escenario, dado que dos sus acompañantes son purito relleno. El repertorio va al pelo, un grandes éxitos salpicado con algunos temas de su nuevo disco, y no al revés.
Todo resulta la mar de entretenido hasta mitad de concierto, en el que el show se deshincha como un globo -veo llover los insultos de los fans-; el paquete del megaídolo está vacío: sus numerosos adornos, ya descritos, no ocultan que todos su temas son, en mayor o menor medida, meros remedos de la misma variante. Sus gorgoritos resultan cansinos, los solos repetitivos, los excesos al piano cargantes... junto a mí, dos chavalas saltan y se abrazan cuando suena Hysteria, y puedo ver como a una de ellas se le saltan las lágrimas, lo juro; esto evidencia que Muse están más cerca del fenómeno de fans que de la banda de rock - el 90% del público responde a ese estereotipo-; el problema reside en que un paladar un tanto curtido lo encuentra empalagoso y estomagante. Puede que a Bellamy le importe una mierda cuando mira su c/c, pero de credibilidad anda bajo mínimos. Quien te ha visto y quien te ve...
Previamente estuvieron los POETICS, banda de BCN: pop cañero, intenso y adecuadamente melódico. Infinitamente mejor que las estrellas.
Texto y fotos: Anywhere.



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