9-12 MAYO 2008, LEIPZIG, ALEMANIA
Cuenta la leyenda que mientras la princesa Cnaejna se arrojaba al vacío desde lo alto de la torre del castillo Visegrád, desesperada por el asedio al que sometían los infieles al conde Vlad Tepes (a.k.a Drácula) durante las guerras por el reino de Valaquia; le gritó a éste que en su memoria escribiera un libro, dejara de comer la ingente cantidad de ajos que le provocaban una terrible halitosis y que montara un festival de música. El conde escribió su famosa autobiografía de la mano de Bram Stoker, pilló manía a los ajos y montó el WGT en la ciudad alemana de Leipzig.
Asistimos un año más al festival Wave Gotik Treffen, lugar donde los seres más "variopijos" y extravagantes de la escena gótica se reúnen. Miles de personas y seres de la noche (y alguno que otro trasnochado) se dieron cita este año ante un plantel de artistas entre variado y ecléctico. Este año la propuesta electrónica ha vuelto a ser uno de los protagonistas indiscutibles y de mayor acogida, hecho ante el cual hemos huido despavoridos. Aunque la presencia de las guitarras ha retomado el pulso con respecto del otros años. De hecho, el escenario donde más se podía disfrutar y sentir el espíritu más primigenio del WGT fue el Werk II, donde el sábado asistimos a una divertidísima sesión de punk y post punk de la mano de New Days Delay, Götterdammerüng o Tragic Black. Un escenario de menor capacidad que el gigantesco Agra, con mejor sonido y mejor ambiente. Una sala más discreta sólo en apariencia, ya que su programación no tuvo desperdicio. Como la acelerada sesión de Psycho Punk y Psychobilly que disfrutamos el lunes gracias a las crestas y tupés imposibles de Der Fluch, Rezurex y The Other.
Antes visitamos el poblado medieval donde se dieron las situaciones más surrealistas del fin de semana. Como la subasta de jóvenes escandinavas ligeras de ropa, flagelación pública de asistentes algo despistados e ingenuos; y una divertidísima sensación y perspectiva de anacronismo, donde los móviles de última generación se batían el cobre entre las manos de herreros, mercachifles y parafernalia medieval. Todo ello, eso sí, acompañado de las virtudes de la gastronomía alemana y su no menos famosa cerveza.
Con las habituales prisas ocasionadas por los retrasos aéreos, el viernes sólo pudimos asistir a los conciertos de Bluetengel (otra propuesta electrónica para un imposible Eurovision gótico) que ni siquiera se dignaron en presentar ni un mísero sintetizador ni teclado sobre el escenario. Todo un alarde de playback con infinidad de problemas con el "pinganillo" y los pregrabados, con unas go-go cada vez más ligeras de ropa y mostrando las ya mencionadas virtudes gastronómicas del lugar. Y posteriormente el nuevo disparate de Paradise Lost (con quienes tuvimos el dudoso honor de compartir vuelo de Frankfurt a Leipzig), algo más audible que en sus inicios , pero igualmente heavys hasta la muerte.
Otro de los puntos de encuentro que más se pueden disfrutar en el WGT es el Moritzbastei con sus numerosos recovecos y pasadizos repletos de barras, restaurantes y escenarios para mayor gloria de DJs y aquellos mas sobrados de energías y amantes del nocturneo. Amén de un diminuto escenario folk medieval al aire libre en el tejado del lugar junto con más puestos de cervezas, licores de marihuana y pitas de ídem con pavo. Todo bajo un sol de justicia.
El sábado fue el día elegido para recorrer la ciudad y disfrutar de distintos escenarios y propuestas aprovechando que las fuerzas aún estaban intactas. Así estuvimos en el ya mencionado Werk II y en el Parkbhune para los conciertos de Escape with Romeo, End of green y Jesus on Ecstasy. Y volvimos a cerrar la jornada en el Moritzbastei bajo el hilo musical de algunos de los múltiples Djs que abarrotan el WGT.
El domingo nos plantamos en el Agra para las actuaciones de Christian Death (que sí, que sí, que Rozz Williams está muerto), Samsas Traum (más heavys que el viento), London After Midnight (uf, no sabía que eran tan malos) y Fields of the Nephilim, que ofrecieron uno de los mejores directos del fin de semana. Y vuelta a casa agotados de tanta pose gótica, cardados a veces imposibles, otras absurdos, al igual que las indumentarias poco apropiadas para el calor. Y con una mejor sensación que el año pasado gracias al descubrimientos de pequeños escondrijos y lugares donde se respira un ambiente de diversión. Eso que llaman la "cara b" del WGT. Ese es uno de los misterios y ganchos de este festival, que hace que te pienses seriamente en repetir al año siguiente nada más abandonarlo. La mezcla y variedad de gentes y la amplísima posibilidad de pasarlo bien en cualquier lugar de la ciudad. Tchuß! Texto y fotos: GómeZ No te pierdas la galería de fotos del público asistente y demás grupos.


