15 ABRIL, SALA UNDERGROUND, CARTAGENA.
Darren Hayman es un personaje. Al frente de Hefner o en solitario ha sido la cara -y que cara, inenarrable, al loro de las fotos- del más coherente discurso antiicónico de los últimos 20 años en la escena rock. Va por el mundo proclamando su ausencia de glamour y feísmo con una tranquilidad pasmosa. Creo que debe de ser duro ser tan feo, y sin sus habilidades musicales, Mr. Hayman y sus gafas de pasta lo llevarían peor. En Cartagena dio toda una conferencia sobre este modus operandi, juraría que cuidadosamente calculado: El show del exlider de Hefner se basó en un agradable viaje por su interminable repertorio; desde el folk más camp al pop feliz, pasando por algún tema de power pop poderoso, mientras se comportaba como si estuviera en el pub de la esquina, tomándose unas pintas con los colegas. A nadie le pilló de sorpresa, dado que el glamour escénico nunca fué lo suyo; a cambio, el concierto se hizo disfrutable por su halo amateur y ausencia de pretensiones, en continuo diálogo imbécil con el público. No había mas que ver las caras de felicidad de los chavales que le acompañaban para creerse la película. Una horita con dos temas de Hefner de propina final y a departir amablemente con el público, que buceó curioso en la inabarcable discografía que portaba Darren en una gigantesca maleta. No querría ser tan feo como el, pero si tener una cuarta parte de su talento.


